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martes, 6 de abril de 2010

ESE OLOR A TIERRA MOJADA

Esa Lluvia eterna y ese olor a tierra mojada tan característica, hace que me sienta feliz los días en los que estoy más triste, mas la simple vista de la lluvia me relaja y templa estos días tan grises de invierno, días de placidez y frialdad tal vez, frialdad de calles, de gente acomodada y guardada al calor de los salones calientes a base de calefacción, cuan frios son estos días, en los que salgo a la calle, en los que saco mis botas altas para pisar los charcos, sin miedo al agua, sin miedo a la tormenta, que deja a las personas resguardadas de tan calamitosa humedad, y disfrutan de una buena merienda dulce en las cafeterías de la ciudad, donde me gusta ver a los jóvenes universitarios con sus libros, apuntes, cafés y tapas variadas, y las amigas enjoyadas, siguiendo el hilo de conversaciones que tratan de vida personal, y señoras apacibles, charlando amigablemente, con cafés, con bollos, con una tarde en compañía.
Entonces, cada vez que saco mis botas a la calle, y mi chubasquero amarillo, me acuerdo de ese día de olor a tierra mojada, hace años, mientras visitaba un mercado, y esa lluvia hacía mas agradable aquella tarde tan desapacible en la que te conté que me sentí feliz por saber que puedo aspirar la fragancia de la tarde húmeda.

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